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•19 marzo, 2010 • Dejar un comentario
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La indigencia en Barcelona, un fenómeno creciente

•18 marzo, 2010 • Dejar un comentario

Por el frio del invierno los indigentes prefieren dormir cubiertos que a la intemperie. Foto: Mario Alfaro

La crisis ha disparado el número de ciudadanos que se ven abocados a vivir en las calles de la ciudad condal. Actualmente, los servicios sociales calculan que hay alrededor de 700 ‘sin techo’, lo que supone un incremento del 16’3% respecto al año pasado. Ricard Gomà, teniente alcalde de Acción Social y Ciudadanía, considera que esta situación se repetirá a finales de año.

El Ayuntamiento de Barcelona también ha notado un incremento de entre el 10% y el 20% en la demanda de servicios sociales básicos –comida y techo-, cuando en años anteriores a la crisis el crecimiento rondaba el 2% o el 3%.

En 2005, Barcelona aprobó el Plan Municipal por la Inclusión Social, cuyo presupuesto en el 2009 fue de 19 millones de euros, el triple de cuando empezó. Además, varias entidades religiosas y laicas tienen sus propios locales de asistencia repartidos por toda la ciudad. El resultado es que Barcelona cuenta con una completa red de cooperación para los ‘sin techo’, consistente en 23 comedores sociales y mil camas repartidas en varios centros nocturnos.

A pesar de ello, los indigentes no siempre están dispuestos a acudir a estos puntos de ayuda. Algunas de las principales razones que les incitan a ir por libre son su alcoholemia –en los centros no se permite beber-, sus problemas mentales, y el no querer someterse a regla u horario alguno. Según un reciente estudio de las Fundaciones Jaume Bofill y Sant Joan de Déu, la mitad de los ‘sin techo’ de Barcelona sufre trastornos mentales y el 45% son alcohólicos o toxicómanos. Los síndromes también son frecuentes en estas personas. Por ejemplo, una chica que duerme en la plaza Joaquim Xirau, entre Escudellers y Las Ramblas, tiene el síndrome de Noé –que consiste en poseer gran número de animales-, y prueba de ello son los cinco perros que la acompañan.

Las bajas temperaturas registradas este invierno, que cristalizaron con la nevada del 8 de marzo, empujaron a muchos indigentes a acudir a los servicios sociales. Los centros nocturnos tienen ahora más afluencia, y los comedores sociales están llenos: el del Paral∙lel ofrece comida a 200 personas; el de Navas, a 300; el de las Misioneras de la Caridad, en la plaza Sant Agustí, a otros 300… Y así todos, alcanzando la cifra récord de mil comidas diarias.

Fuente: Artículo de Europa Press (10 Marzo 2010)

La tentación del suicidio

•18 marzo, 2010 • Dejar un comentario

Cuando no se tiene nada, el suicidio se convierte en algo muy real. Joan Mayolas, indigente, nos explica su punto de vista.

Proyecto Sostre

•18 marzo, 2010 • Dejar un comentario

La situación de algunas personas , que comparten con nosotros la vida urbana, es muy dura. En Barcelona hay gente que no tienen otro lugar donde resguardarse de la fría noche que en un incómodo cajero. Afortunadamente existen asociaciones y voluntarios que ayudan y dan cobijo a los más necesitados. Por Dalila Carreño, Carlos Toda y Mario Alfaro.

36 horas tiene un día

•18 marzo, 2010 • Dejar un comentario

Maribel Francés tiene trabajos nocturnos desde hace 23 años. Foto: Eduardo Cordero

Por Talita Bertolim Moreira, Eduardo Cordero y Miriam Sántxez

Maribel Francés habla rápido y casi no duerme. Inquieta, está siempre en busca de algo que hacer, como si en su rutina acelerada cupieran aun más actividades. Cuando no está en su trabajo, está en casa cosiendo o cuidando del marido, enfermo.

Los días de Maribel Francés tienen 36 horas. Va en contra la naturaleza, pero es así. Trabaja en noches alternadas como auxiliar de enfermería en una residencia para mayores en Horta. Allí, cumple una jornada que empieza a las 20h y termina a las 8h. Al volver a casa, pese al cansancio, se deja absorber por otras tareas. Y sólo piensa en acostarse cuando otra madrugada ya se acerca.

“A veces me duermo viendo una película en la tele. Si pasa eso, mi marido y me hija me cubren con una manta y me dejan en el sofá porque ya lo saben: si me despiertan, yo muerdo”, cuenta.

Es que a Maribel le va peor si se duerme bajo la luz del sol, lo que significa que sólo dedica al sueño las noches en las que no trabaja: un promedio de siete horas cada día y medio. Con el agravante de que, si se le corta el período de descanso, ella ya no puede retomarlo.

Pero es una cuestión de necesidad y de costumbre. Esta catalana ya lleva casi la mitad de sus 50 años dedicándose a empleos nocturnos. Y, al final, le gusta su vida a contracorriente. “Si eres de dormir poco como yo, lo llevas”, dice. “Familiarmente también me va mejor.”

Maribel empezó a trabajar de noche hace 23 años. Lo hizo porque el horario le permitía estar más tiempo con su hija, que entonces era un bebé. “Yo podía llevarle a la escuela y darle comida, cosas que no haría en un empleo diurno”, afirma.

Cuando la niña creció y pasó a depender menos de la madre, otra circunstancia familiar reforzó la opción de Maribel por el trabajo nocturno. Su marido tuvo una embolia y luego desarrolló un tumor, que lo ha mantenido en casa desde hace seis años.

Para ayudarle al esposo a recuperar la sensibilidad de las manos y ganarse un poco más de dinero, Maribel transformó el salón de su piso en un taller de costura. Juntos, hacen disfraces de carnaval y decoración navideña por encomienda de una empresa – lo que hace que un amontonado de cajas y tejidos dividan el espacio con el sofá, el sillón y la mesa del comedor.

A Maribel le gusta su trabajo con los ancianos: "Hay momentos en que son niños grandes"

Las noches en la Asistencia de Horta, donde viven más de 70 personas, no son menos intensas. Maribel y sus siete compañeros de turno ayudan a los ancianos a ir al baño y acostarse, les dan zumo con medicaciones, hacen pruebas de diabetes y corren de un lado a otro para responder a los timbres – la señal de que alguien necesita amparo.

Cuando amanece, viene el momento más difícil para la auxiliar de enfermería. “Cuando tenemos que ayudarles a levantarse ya estamos cansados y hay que hacer mucha fuerza, pues muchos necesitan grúas o sillas de rueda”, afirma.

Maribel habla con cariño de sus abuelos, que tienen de 67 a 104 años de edad. “Hay momentos en que son niños grandes. Muchas veces se pelean, hablan solos, ven cosas que no existen” dice ella, con una sonrisa en el rostro. “Me encanta trabajar con ellos.”

El cuerpo de Maribel se queja del ritmo intenso que le impone su dueña. Al insomnio se suman dolores de estómago y en la cabeza. “Se te vuelve el carácter irritable”, resume. Hubo una época en la que intentó tomar pastillas para dormir más. Desistió porque se sentía peor.

Aún así, ella no piensa en cambiar de horario. Le gusta lo que hace y ella ya no sabe si se acostumbraría a una vida más reglada y tranquila. Cuenta que va a empezar un curso en las próximas semanas. “Es de ayuda a la muerte. Uno tiene que reciclarse”, comenta.

Pero Maribel dice que tendrá tres meses de vacaciones este año, gracias a un sistema de cesto de horas que hacen en la residencia para mayores. “Voy a salir en un crucero”, sueña, antes de salir de verdad para enfrentarse a otra larga noche de trabajo.

Trabajar en la oscuridad

•18 marzo, 2010 • Dejar un comentario

Por opción o necesidad, la jornada laboral de miles de personas apenas empieza cuando el sol se va. Algunos – como es el caso de policías, enfermeros y recolectores de basura – ayudan a mantener la ciudad en funcionamiento. Otros trabajan para que la gente pueda disfrutar la noche de Barcelona. Todos ellos ven ventajas y desventajas en el vivir al revés, pero aprovechan la oportunidad de tener un empleo en tiempos de crisis. Por Eduardo Cordero, Miriam Sántxez y Talita Bertolim Moreira.

Yoiver, Portero de discoteca

•18 marzo, 2010 • Dejar un comentario

Yoiver Vergara, siempre ha trabajado de noche. Su trabajo de Portero en una discoteca, le satisface a día de hoy muchísimo. A pesar de tener sólo 22 años y de conocer todos los peligros de la noche, dice que no cambiaría de trabajo. Le gusta ofrecer un servicio y además está muy bien pagado–asegura.